Un estudio revoluciona el tratamiento de las otitis persistentes

IMPLANTACIÓN DE TUBOS AUDITIVOS

MADRID.- A muchos niños que sufren otitis persistentes con secreciones se les implantan unos tubos auditivos para drenar el oído. Hasta ahora la consigna era implantarlos cuanto antes, pero una investigación de 11 años, que ahora publica el ‘New England’ constata que esperar unos meses más antes de practicar la intervención no ocasiona problemas en el desarrollo.

El nuevo trabajo, “el fin de una era en la investigación sobre la otitis”, según el editorial que lo acompaña, permitiría que hasta el 40% de los niños hasta ahora candidatos a colocarse tubos de drenaje tras otitis persistentes se ahorrasen esta intervención.

Cuando un crío sufre otitis continuadas, con derrame en el oído medio y sin respuesta a los antibióticos, se implantan unos tubos auditivos en el tímpano para drenar el fluido que ha causado la infección. Como diversas investigaciones habían relacionado las otitis en niños muy pequeños (menores de tres años) con problemas en el desarrollo cognitivo y del lenguaje (por los problemas auditivos que ocasiona), “las intervenciones agresivas para restaurar la audición normal se convirtieron en el tratamiento estándar”, cuenta el editorial.

Muchas veces, innecesaria

La timpanotomía es una intervención muy frecuente (de hecho, en EEUU sólo la supera la circuncisión a los recién nacidos). La consigna es: cuanto antes, mejor. “Da la impresión de que la timpanotomía está sobreindicada. Se hacen quizá más de las que se deberían. Vigilando al niño se puede evitar hacerle una operación innecesaria porque al cabo de un tiempo se modifica la estructura del oído y mejora la audición”, explica Ignacio Cobeta, catedrático de Otorrinolaringología de la Universidad de Alcalá de Henares.

Así lo confirma el trabajo estadounidense (prolongación de uno publicado en 2001): conviene esperar unos meses más para ver si las infecciones van desapareciendo antes de decidirse a implantar los tubos. El niño no sufrirá el menor problema en su desarrollo ni rendimiento académico por demorar la intervención.

Jack L. Paradise y su equipo, procedentes de la Universidad de Pittsburgh (EEUU), han llegado a esta conclusión tras seguir a más de 400 niños desde su nacimiento hasta los nueve u 11 años. Estos críos formaban parte de una muestra inicial de 6.350 niños y, antes de los tres años, habían desarrollado persistentes otitis con secreciones, por lo que eran candidatos a la timpanotomía.

El estudio

Los pequeños pacientes fueron divididos en dos grupos: unos recibieron la intervención cuanto antes (sufrían otitis con secreciones durante más de tres meses en ambos oídos o durante cuatro meses y medio en uno solo), mientras que en los demás pacientes se decidió esperar algo más (seis meses en las otitis bilaterales o nueve si sólo la presentaban en uno de los oídos).

Al 84% de los críos del primer grupo se les practicó la timpanotomía, mientras que sólo al 45% de los chavales del segundo grupo se les implantaron los tubos. Sin embargo, el desarrollo de los niños del segundo colectivo (tanto si se habían sometido finalmente a la intervención, como si no la habían necesitado) no difería del de los chavales a los que se les habían implantado los tubos de manera precoz. Tampoco se diferenciaba del desarrollo de chavales sanos que se evaluaron a modo de comparación. Ni sus avances en la lectura, la lectura en voz alta, las destrezas escritas, la atención… “Estos hallazgos confirman las observaciones que hicimos cuando los niños eran más pequeños [en el estudio de 2001]”, explican Paradise y su equipo.

“Esperar vigilando [al niño] durante al menos seis meses más cuando la secreción es bilateral o nueve meses cuando es unilateral es la opción terapéutica preferida”, concluyen. Su trabajo “proporciona evidencias convincentes de que el derrame persistente en el oído medio en niños que, por lo demás, son normales no ocasiona problemas en el desarrollo”, resume el editorialista.

Cobeta también cree que “va a tenderse a ser más conservador en la colocación de los tubos de drenaje. La verdad es que hacen que mejore espectacularmente la audición, pero si se controla con tratamiento no antibiótico, se hacen audimetrías y se controla su desarrollo verbal [pueden no hacer falta, pues] a partir de los seis años cambia la morfología y el oído se drena mejor”. Así, muchos niños se habrán ahorrado la intervención.

Fuente: elmundo.es

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