Científicos estadounidenses identifican el talón de Aquiles del virus del sida

BASE PARA UNA VACUNA

  • Una proteína del VIH es vulnerable a un anticuerpo del sistema inmune
  • El hallazgo facilita la búsqueda de una vacuna contra la infección

MADRID | PARÍS.- Una proteína de la superficie del virus del sida, encargada de unirse a las células del sistema inmune, podría ser la diana de una vacuna destinada a neutralizar el VIH. Un estudio que publica la revista ‘Nature’ ha localizado cómo este virus entra en las células defensivas y cómo bloquear la infección.El anticuerpo b12 (verde) neutraliza el talón de aquiles del VIH (rojo). (Foto: NIAID)“Crear una vacuna contra el VIH es uno de los mayores retos científicos de nuestro tiempo”, dice el Elias A. Zerhouni, director de los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU (NIH). “Los investigadores de los NIH y sus colegas han mostrado un hueco dentro de la armadura del VIH y de este modo han abierto un nuevo camino para responder a este reto”, ha dicho.

Durante años, el intento de desarrollar una vacuna contra el sida se ha visto bloqueado por la capacidad, aparentemente ilimitada, que tiene el virus del sida para eludir tanto las defensas naturales del organismo como las estimuladas por vacunas. El nuevo trabajo, dirijido por Peter Kwong, de la división de infecciosas de los NIH, arroja algo de luz sobre el funcionamiento de una parte del VIH algo más constante.

Se trata de la gp120, un proteína que se encuentra en la superficie del VIH. Esta molécula es estable y, lo que es más importante, parece vulnerable al ataque de un anticuerpo específico, conocido como b12, que podría neutralizar al virus del sida. El b12 es uno de esos raros anticuerpos que presentan las personas que son capaces de mantener el virus del sida ‘a raya’ de modo natural.

Un apretón de manos

En 1998, Kwong y sus colaboradores ya habían publicado una primera ‘radiografía’ de cómo la proteína se une a los linfocitos CD4 (las células del sistema inmune que el virus infecta para reproducirse), un descubrimiento que dio pistas sobre algunos puntos del virus que podrían ser dianas de fármacos y vacunas.

El nuevo trabajo de estos investigadores proporciona un cuadro detallado de cómo se produce este enlace. Según publican en ‘Nature’, el encuentro comienza con un contracto muy focalizado y, a continuación, se extiende a un superficie más amplia y se estabiliza la unión. “El primer contacto es como un tímido apretón de manos, que a continuación se convierte en un caluroso abrazo”, explica Gary Nabel, uno de los autores del artículo.

Este trabajo también ha visto que la proteína es una suerte de talón de Aquiles. El mismo sitio donde la proteína viral se une a la superficie de los linfocitos CD4 es también su punto de unión con el anticuerpo b12. De este modo, cuando el anticuerpo se une a la molécula del VIH le impide entrar en la célula inmune. Es como si se pegase un chicle en la punta de una llave y, de este modo, se le impidiese entrar en la cerradura que abre la puerta para invadir al cuerpo humano.

Vacunas terapeúticas

“Uno de nuestros primeros objetivos es desarrollar vacunas contra el VIH que puedan estimular fuertemente los anticuerpos que neutralicen el virus”, agrega Nabel.

El objetivo de la vacuna terapéutica es dar mayor información al sistema inmunológico con la esperanza de propiciar una respuesta más potente y eficaz contra el virus. Los investigadores están explorando varias estrategias para mejorar la presentación del VIH al sistema inmunológico y, por lo tanto, que las defensas lo reconozcan y respondan contra él.

Típicamente, la primera línea de defensa contra cualquier nueva infección o enfermedad es nuestra respuesta inmunológica innata, de la que se encargan diferentes células de nuestro organismo que se encuentran ‘patrullando’ en busca de aquellas cosas que son extrañas y luego tratan de eliminarlas.

Pero este sistema suele ser poco eficaz, por lo que casi siempre hay que recurrir a la respuesta inmune adquirida (ya sea gracias a una vacuna o debido a una infección previa), que es más lenta en responder pero más eficaz. Dentro de esta respuesta están las células CD4, que se han demostrado eficaces contra el virus de la inmunodeficiencia humana, aunque también son las que éste destruye, lo que hace que a la larga el organismo generalmente pierda la batalla contra el sida.

Las células que atacan específicamente al VIH aprenden a reconocerle como un ‘enemigo’ cuando entran en contacto con el virus. Otras células inmunológicas les ‘muestran’ a los CD4 trozos y partículas del VIH que ellas han encontrado mientras ‘patrullaban’ el organismo en busca de anomalías, por lo que los CD4 aprenden a luchar contra el virus y además enseñan a otras células cómo responder al ataque.

Este proceso lleva algún tiempo. Además, si la forma en que el VIH fue presentado a la célula no ha sido la correcta, el proceso entero -presentación, reconocimiento y respuesta- puede estropearse o quedar inutilizado. Pero, si la respuesta es eficaz, las defensas lucharán con todas sus fuerzas para eliminar al virus.

En general, una vez que una respuesta inmunológica específica (contra el VIH o cualquier otro patógeno) ha sido activada, esa respuesta se convierte en parte de la memoria inmunológica. Si nuestro organismo confronta a un microbio específico de nuevo, nuestra respuesta (memoria) inmunológica entra rápidamente en acción a la máxima potencia y en teoría lo contiene antes de que cause algún problema. Esta memoria inmunológica queda almacenada en las llamadas células T de memoria.

De ahí la importancia de encontrar vacunas terapéuticas que ‘informen’ al organismo de cómo es el VIH.

Fuente: ELMUNDO.es

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